"Artistas que han sido buenos conmigo"

Diego Lorenzini

EL LENGUAJE DEL ROSTRO
Daniela Schröder


La obra de Diego Lorenzini, Artistas que han sido buenos conmigo, enfrenta al espectador a la sensación contradictoria y fluctuante entre el reconocimiento y el distanciamiento. Nos topamos con la identidad del referente que consigna el escrito en el cuadro, mientras que la mancha de cada rostro produce una extrañeza que absorbe.

Las caras aparecen como huellas visuales de una persona, huellas que no se producen en el trabajo de cada trazo y detalle, sino que aparecen, emergen de la tinta acuosa que adopta una forma imprevista. Estas huellas visuales, como las huellas sonoras del lenguaje, son sólo inteligibles en su diferencia, por oposición a las demás. Viendo el conjunto comienzan a hacerse visibles los gestos significativos que evocan cierto referente, una seriedad pasmada, un rictus en la boca, una asimetría graciosa, la mueca de una personalidad.

La obra goza de ser producto del trabajo libre de una serie, explora e investiga los principios elementales de la representación del rostro humano: una base ovalada y cuatro puntos: dos ojos, la boca y la nariz. Se aleja, así, de lo figurativo y se acerca a una estética más abstracta, que experimenta con las variaciones que se observan entre un rostro y otro, que resultan de la aplicación de un procedimiento formal que se limita a la realización única del dibujo con la tinta acuosa. Si bien cada rostro adopta una expresión diferente que lo hace único, los rasgos temblorosos que forma la tinta hacen que todos mantengan un temple angustioso, fantasmarórico, grotesco, en el que uno puede perderse en la contemplación, pero que tiene como contracara lo gracioso que resultan cuando los relacionamos con alguien que reconocemos.

Los artistas que han sido un apoyo o referente se vuelven aquí objeto de arte. Pero esa referencialidad tan explícita, que aparece en la palabra perfectamente dibujada en una tipografía que no prescinde de sus remates, se borronea en su representación visual, que adopta la forma de una mancha casi informe, que apenas alcanza a ser inteligible como un rostro humano.

Se trata de una constelación que convoca a los distintos artistas, a la manera de una cita. En relación a la elaboración de su gran obra, que dejó inconclusa, El libro de los pasajes, Walter Benjamin sostiene: “No tengo nada que decir. Sólo que mostrar” Su trabajo aparece como el lugar en que determinados elementos de la realidad son apropiados por el artista como citas, que se articulan a través del montaje en constelaciones de sentido. Así es como opera en su análisis de la cultura material del siglo XIX en Francia y como estructura también la escritura del libro en que expone su trabajo. Una gran obra construida en base a citas, fragmentos de textos de otros autores. Trabajo de apropiación, y de agradecimiento u homenaje en este caso, en el que se descontextualiza el fragmento para emplearlo en una trama que saca de él nuevas significaciones.

11.10.14